Esta publicación inaugura la línea de estudios de CubaData dedicada a comprender la desesperanza no como un estado emocional fijo, sino como una relación social que se contrae y se estira según el costo de hablar. El trabajo se apoya en una trayectoria previa de investigaciones de CubaData sobre libertad de expresión, mayoría silenciada, legitimidad, derechos y futuros posibles de democratización, y dialoga directamente con el antecedente conceptual más cercano, Más allá del miedo, que ya había mostrado que la ausencia de protesta abierta en Cuba convive con disidencia latente, indignación y formas discretas de agencia.
El volumen avanza sobre esa base con una pregunta más precisa: qué ocurre con la agencia ciudadana cuando la expectativa de cambio se debilita bajo presión material y vigilancia sostenida. Para responderla, articula cuatro fuentes de evidencia —dos Pulsos de medición ágil, un Foco de diseño experimental multi-brazo y un panel longitudinal de 1.304 personas— que permiten observar, con matices, cómo se relacionan el clima afectivo, la crisis material, el silencio cívico y las preferencias de cambio dentro de la ciudadanía cubana conectada captada por CubaData.
Esta primera entrega dentro del proyecto CubaData-DDC es producto de una alianza institucional entre Diario de Cuba, CubaData y la Universidad de San Martín de Porres (USMP), que aportó la dirección académica, el diseño metodológico y los estándares de rigor necesarios para convertir la evidencia recogida en un análisis trazable y verificable.
El libro ha sido escrito para un público amplio —periodistas, investigadores, organizaciones de sociedad civil y tomadores de decisión— sin renunciar al rigor técnico: cada capítulo distingue con cuidado fuente, universo, denominador y límite de cada resultado, para evitar que una encuesta digital se lea como retrato probabilístico nacional o que el silencio se interprete automáticamente como apoyo o como oposición.
Su hallazgo central puede resumirse en una idea deliberadamente sobria: bajo costos expresivos altos, la desesperanza no solo retira, también se desplaza. Se contrae hacia la autocensura y la retirada pública, pero al mismo tiempo se estira hacia formas protegidas de agencia —ayuda cotidiana, conversación privada, expresión anónima, preferencias sensibles de cambio—. El libro llama a esa disposición "elasticidad" precisamente porque no es optimismo ni resignación, sino una forma de observar cómo una misma desesperanza puede reorganizar la voz sin eliminarla.
A partir de esa tesis, la publicación propone cinco cambios de lectura: dejar de confundir silencio con apoyo, distinguir retirada de apatía, leer la crisis material como condición de la voz y no solo como contexto, tratar la forma de preguntar como parte de la medición del miedo, y separar el deseo de cambio de la capacidad y la acción. Estos cambios tienen implicancias directas para el periodismo, que debe evitar titular desde un solo denominador; para la sociedad civil, que debe valorar sin romantizar las formas de agencia segura; y para la investigación, que debe separar fuentes, olas y universos antes de comparar cifras.
El libro cierra sin ofrecer una imagen cómoda: la ciudadanía cubana conectada no aparece como una sociedad muda ni como una sociedad libre para hablar. Aparece como una sociedad que calcula cuándo, dónde y cómo puede hacerlo, que se retrae frente a la exposición pública, pero que conserva prácticas de sostén, expresión protegida y preferencia sensible. Esa administración cotidiana del riesgo expresivo es, según sus autores, la elasticidad de la desesperanza que este libro propone observar.
Descargar PDF