Esta publicación continúa el esfuerzo inicia-do con Más allá del miedo, el primer estudio del Panel 3 de CubaData dedicado a comprender las formas silenciosas, ambivalentes y emocionalmente densas de la subjetividad política cubana. Aquel trabajo mostró que, en Cuba, la ausencia de protesta abierta no debe confundirse con apatía, obediencia plena o aceptación del régimen. Bajo la superficie de la cautela existe una ciudadanía atravesada por miedo, indignación, empatía, deseo de cambio y formas discretas de agencia.

El presente volumen avanza un paso más. Si Más allá del miedo permitió identificar la existencia de una disidencia latente, aquí se pregunta qué ocurre cuando esa disidencia es interpelada mediante campañas digitales concretas. En particular, analiza los efectos de mensajes sobre presos políticos difundidos bajo tres encuadres: neutral-informativo, emocional y conductual. La pregunta que guía el estudio es central para Cuba y para otros contextos autoritarios: ¿puede la comunicación democrática movilizar a la ciudadanía cuando actuar públicamente implica costos personales, familiares, laborales o penales?

Este componente experimental fue posible gracias a la articulación entre Cuba-Data, Justicia 11J y la Universidad de San Martín de Porres (USMP). CubaData aportó la infraestructura de investigación, la implementación del panel y la capacidad de recoger evidencia en un entorno de alta sensibilidad política. Justicia 11J contribuyó desde su trabajo de documentación, acompañamiento y visibilización de las personas detenidas y procesadas por motivos políticos, conectando el diseño de las campañas con una causa concreta, sensible y humanamente urgente: la situación de los presos políticos y de sus familias. La Universidad de San Martín de Porres aportó la dirección académica, el diseño metodológico, el análisis científico y los estándares éticos necesarios para convertir esa experiencia en evidencia rigurosa, verificable y útil.

Esta publicación ha sido escrita para poner en manos de un público amplio — ciudadanos, periodistas, activistas, organizaciones de derechos humanos, cooperación internacional, diáspora, tomadores de decisión y lectores interesados en Cuba— las conclusiones más importantes del panel experimental, sin exigir manejo técnico avanzado.

Su propósito no es simplificar la evidencia hasta volverla superficial, sino traducir sus hallazgos centrales en una narrativa clara, verificable y útil para comprender qué puede hacer la comunicación democrática cuando opera bajo miedo. Al mismo tiempo, este volumen no renuncia al rigor científico. Por el contrario, forma parte de un ecosistema documental más amplio. Cada uno de sus capítulos descansa en informes técnicos independientes, donde se desarrollan con mayor detalle los modelos, coeficientes, procedimientos de codificación, análisis longitudinales y pruebas de robustez. Quien busque una lectura general encontrará aquí la síntesis interpretativa; quien requiera una revisión minuciosa podrá acudir a los informes técnicos que acompañan esta publicación.

La respuesta que ofrece este volumen es deliberadamente sobria. Las campañas digitales no produjeron una ruptura masiva de la inercia política ni generaron efectos promedio robustos y sostenidos sobre la protesta visible. Sin embargo, tampoco fueron irrelevantes. La evidencia muestra que los mensajes activaron resonancia emocional, sostuvieron empatía hacia los presos políticos, reforzaron interpretaciones críticas de la represión y, en ciertos segmentos, ayudaron a preservar trayectorias de resiliencia democrática.

El aporte principal del estudio está en desplazar la manera de evaluar las campañas en autocracias. En democracias abiertas, una campaña suele medirse por su capacidad de producir adhesión, participación, voto, protesta, donaciones o firmas. En contextos represivos, esa métrica puede ser incompleta.

Cuando expresar una opinión puede ser peligroso, el impacto de una campaña no siempre se expresa como movilización visible. A veces se expresa como algo menos espectacular, pero políticamente relevante: impedir que el miedo se convierta en retraimiento definitivo. A esa función la denominamos efecto firewall. La metáfora alude a la capacidad de una campaña para proteger una infraestructura cívica vulnerable. Así como un firewall no transforma todo el sistema, pero impide que ciertas amenazas lo dañen, la comunicación democrática bajo represión puede preservar capacidades mínimas de agencia: recordar a las víctimas, reconocer una injusticia, sostener empatía, conversar en espacios seguros, rechazar la narrativa oficial y mantener abierta la posibilidad subjetiva de acción futura.

Este estudio no idealiza la comunicación digital. Las campañas no sustituyen la organización, la protección legal, la seguridad digital, las redes de confianza ni las condiciones políticas necesarias para una movilización sostenida. Tampoco niegan el peso real del miedo. La represión funciona, la vigilancia inhibe, la precariedad limita y la ciudadanía calcula. Pero justamente por eso es necesario estudiar con mayor precisión qué tipo de comunicación puede sostener la vida cívica cuando el espacio público ha sido restringido.

El estudio se basa en el Panel 3 de CubaData, un diseño longitudinal de cinco olas aplicado entre septiembre de 2024 y enero de 2025. Combina análisis cuantitativo de trayectorias, modelos dinámicos, análisis cualitativo de reacciones y comentarios, y modelos de crecimiento mixto para identificar patrones diferenciados de respuesta ciudadana. Esta combinación metodológica permite observar lo que los promedios esconden: una mayoría estable, una minoría movilizada y un grupo vulnerable al retraimiento político.

Los hallazgos tienen implicancias directas para la sociedad civil, las organizaciones de derechos humanos, la diáspora y la cooperación internacional. Bajo represión, las campañas deben diseñarse con realismo estratégico: reconocer el miedo, evitar exigir heroísmo, ofrecer escalas de participación, combinar información verificable con resonancia moral y rutas de acción segura, proteger a la audiencia y medir no solo movilización, sino también prevención del retraimiento.

En ese sentido, este volumen no es solo un informe de resultados. Es una puerta de entrada a los descubrimientos más relevantes del panel experimental y, al mismo tiempo, una guía de lectura para profundizar en su evidencia técnica. Su argumento central es que, cuando romper el silencio cuesta demasiado, sostener la línea puede ser una forma decisiva de resistencia.

CubaData presenta esta publicación como parte de su compromiso con la producción de evidencia rigurosa, ética y útil para comprender la realidad cubana desde las voces y experiencias de quienes viven dentro del país. CubaData cree en la colaboración y en el trabajo especializado, respetuoso de los aportes sinérgicos que surgen cuando sociedad civil, academia y capacidades técnicas se articulan alrededor de un propósito común. Este esfuerzo se fortaleció mediante la colaboración con Justicia 11J y la Universidad de San Martín de Porres: la primera, desde su trabajo de documentación y defensa de las personas castigadas por ejercer o acompañar formas de expresión y protesta; la segunda, desde su rol académico, metodológico y ético en la producción de conocimiento científico aplicado a contextos de alta restricción. En escenarios donde la información independiente es escasa, producir datos confiables no es solo una tarea técnica. Es también una forma de preservar memoria, ampliar comprensión pública y fortalecer las condiciones para imaginar futuros democráticos.

Desafiando el miedo muestra que la ciudadanía cubana no está inmóvil. Está con-tenida, vigilada, fragmentada y muchas ve-ces obligada a calcular. Pero no está vacía de agencia. En esa zona intermedia —entre el miedo y la acción, entre el silencio y la palabra, entre la prudencia y la esperanza— se juega una parte crucial del futuro democrático de Cuba.

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